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Ziryab
Músico,
de origen persa que vivió en Bagdag. En su juventud fue
alumno del célebre Ibrahim al-Mawsuli, que recordamos de
las Mil y una noches, y cantor preferido del califa Harun Al-Rashid.
Cuentan que un día el Monarca le preguntó a Mawsuli
si no tenía algún músico para presentarle,
y de esa forma, Ziryab fue llevado ante el Califa, que quedo prendado
de su exquisitez y forma de cantar. Tal fue el impacto que causó
ante el Monarca, que despertó los celos y envidias de su
Maestro, que le obligó a huir so pena de tomar represalias,
si no se alejaba.
Así llegó a Al- Andalus, después de vivir algunos
años en el Norte de África, concretamente en Kairuan,
donde incorporó a su acerbo musical las influencias bereberes.
Entró al servicio de Abderraman II que lo tuvo siempre de
hombre de confianza, consultor y músico de la corte.
Se le llamo Ziryab, según se cree, por el color de la piel
que era oscura y por el bello timbre de su voz, que recordaba
el de un pájaro negro persa que siempre estaba cantando.
Revolucionó la música, la gastronomía, la etiqueta
y la moda en la corte de Abderram II. Sus mayores talentos fueron
la forma de tocar el laud y su método de enseñanza.
Fue creador de la música andalusí que tanta influencia
tuvo en los reinos cristianos y en el mundo árabe, sobre
todo en el Magreb, a través de las nubas, de las que Ziryab
fue inspirador. Se dice que conocía de memoria mas de mil
canciones y que compuso gran parte de ellas. El antiguo laud tenia
cuatro cuerdas, correspondientes a los humores del cuerpo humano:
"La primera era amarilla que simbolizaba la bilis, la segunda,
teñida de rojo, simbolizaba la sangre; la tercera, blanca
sin teñir, simbolizaba la flema; y el bordón estaba
teñido de negro, color simbólico de la melancolía.
Ziryab añadió al laud una nueva cuerda, la quinta
de color rojo, que representaba el alma, y la colocó entre
la segunda y la tercera.
Su legado que permanece vivo, se transmitió a sus discípulos
a través de la escuela que creó en Córdoba.
Murió en esta ciudad en el año 857, a la edad de sesenta
y ocho años. Fue el árbitro de la elegancia de Al-Andalus,
donde la música, la danza y el canto, que practicaban todas
las capas sociales, brillaron con gran esplendor.
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